Tradición que florece, alumbra y colorea en Xochimilco

Cuidad de México | 13 de diciembre de 2022. | Redacción.-

Xochimilco es conocido por el cultivo de nochebuenas, sin embargo, poco a poco despuntan otras artesanías, como la elaboración de velas aromáticas y hasta el soplado de esferas de vidrio

Una tradición colorida

En 25 años, la familia López Gómez pasó de sembrar 3 mil macetas de nochebuenas a 35 mil, de 11 especies, tamaños y colores diferentes. Lo hacen en Xochimilco, uno de los principales productores de flor de Navidad en el País.

Édgar López asegura que, aunque en 2022 la producción mantuvo su mismo nivel, fue difícil sacarla a flote, ya que los insumos subieron sus costos hasta un 30 por ciento. Obligados por la carestía y tras cinco años de no hacerlo, el costo de cada ejemplar tuvo que aumentar 5 pesos.

La productora se llama Invernadero San Marcos y está ubicada en el Barrio de Caltongo, sobre chinampas. Son cuatro generaciones ya las que se dedican a las flores de ornato y comestibles. Se consolidaron vendiendo alcatraces, aunque ahora están dedicados de lleno a la nochebuena.

El tiempo es relativo, pues aunque se trata de un ejemplar típicamente decembrino, la siembra inicia en abril y, a partir de entonces, los cuidados no paran. A diario, hasta seis personas -entre familiares y trabajadores- pasan más de ocho horas abonando, regando y cubriendo cada maceta.

“Es muy probable que la Ciudad de México, en específico Xochimilco, sea el mejor lugar para sembrar nochebuena, porque su clima es tan variado, pero no extremo, que permite que la flor se acople a todo tipo de temperatura. Aunque el calor es su temporada favorita, ya que la ayuda a crecer y ponerse roja”, explica Édgar.

Para controlar la temperatura y evitar una exposición prolongada al rayo directo del sol deben cubrir los invernaderos con plásticos negros. Esto acelera su proceso de pigmentación y para el 4 de noviembre las chinampas de San Marcos, Caltongo y toda la zona húmeda de Xochimilco se tiñen de rojo natural, rojo vino, rojo sangre… y hasta rosado.

“Se podría decir que la nochebuena es una de las flores más caras, pero no saben que hay mucho trabajo detrás para lograr que estén en las casas adornándolas y creando ese ambiente navideño que a todos nos gusta”, considera Édgar.

En Xochimilco, más de 600 chinampas se dedican a la siembra y cosecha de la nochebuena, considerada la flor nacional de México y conocida también flor de Pascua, estrella capital y pastora, dependiendo de la región donde se comercie.

Un cuidadoso proceso para elaborar velas

Como un proyecto familiar e impulsado por y para mujeres de Xochimilco, madre e hijas arrancaron el colectivo Saásil -luz, en maya-, dedicado a la fabricación artesanal de velas con temática navideña.

Se trata de Lilia, Diana, Nayelli y Andrea, del poblado de Santiago Tepalcatlalpan, a 25 kilómetros del centro de la CDMX. Hace cuatro años fundaron un pequeño taller, con la intención de que se convirtiera en su sustento familiar, además de enseñar a más mujeres y así empoderarlas y emprender su negocio, principalmente, para sacar adelante a sus hijos.

Todo inició en el 2017, cuando compraron una máquina deshidratadora para crear su propia microempresa de botanas. Sin embargo, las cosas se complicaron, ya que no contaban con el dinero suficiente para arrancar su emprendimiento.

Pensaron qué otro uso podían darle a algo que esperaban que fuera un sueño cumplido. Meses después a un miembro de la familia se le ocurrió hacer velas y adornarlas con la fruta deshidratada que ya tenían.

“Buscamos cómo se hacían las velas y nuestro primer intento fue un cirio. Fuimos aprendiendo más y nuestras velas ya tenían ese toque con frutas, pero cambiamos a temáticas de temporada por petición de los clientes”, relata Diana Hernández, unas de las iniciadoras del colectivo.

Al inicio sus ventas solo se centraban en Xochimilco, pero los años más duros de pandemia tuvieron que buscar más canales de venta para no cerrar y así comenzaron la exhibición a través de redes sociales. Llegaron clientes de otros sitios de la CDMX y hasta de otros estados.

Este año, el primero completo sin confinamientos, sus pedidos crecieron. Y con ello el catálogo, pues durante los últimos meses se han dedicado a dar vida a árboles de navidad, nacimientos miniatura, galletas de jengibre, borreguitos de la abundancia, nochebuenas y más de 30 modelos decembrinos diferentes.

Realizar cada pieza les toma desde 15 minutos hasta más de una hora. Tienen texturas, son teñidas y pintadas a mano y aromas de temporada. Por ejemplo, chocolate Abuelita, menta, ponche y canela con manzana.

Para sus impulsoras, Saásil es una forma de ganarse la vida y, a la vez, de compartir luz mediante un producto cien por ciento hecho en México y que pronto esperan poder exportar a Estados Unidos.

“La gente que ve nuestro trabajo piensa que es bonito, para nosotros es compartir un poco de luz que hemos encontrado con este proyecto”, indica Lilia, una de las creadoras del proyecto.

Emoción y fuerza para elaborar esferas

Después de dos años complicados, la familia Vega Cruz retomó la fabricación de esferas de vidrio soplado en Xochimilco con la misma fuerza y emoción.

Con jornadas de más de 12 horas diarias, Ernestina y su familia fabrican casi 500 esferas al día. Antes lo hacían en noviembre y hasta el 16 de diciembre. Sin embargo, el aumento de la demanda que trajo la reactivación económica hizo que este año comenzaran en abril.

Ubicado en el poblado de Santa Cruz Acalpixca, el taller familiar surgió hace 32 años. Desde muy temprano, la familia comienza a soplar frente a un intenso fuego unos largos tubos de vidrio que dan forma al cuerpo de las esferas y que, más tarde, se pintan y decoran artesanalmente.

En esta temporada serán poco más de 10 mil esferas sopladas las que producirán, desde las más tradicionales -rojas, doradas y plateadas con nochebuenas-, hasta las temáticas a petición de los clientes -Hello Kitty y Mickey Mouse-.

Una cifra tan alta, como compleja de conseguir. Antes de consolidarse como artesanos de uno de los productos navideños más solicitados, Ernestina y su esposo Pablo aprendieron el oficio en su natal Tlalpujahua, Michoacán, donde trabajaron en una fábrica de adornos decembrinos y aprendieron las bases del oficio.

Después se mudaron a una de las zonas más tradicionales de la Ciudad de México: Xochimilco, donde actualmente son los únicos artesanos dedicados a este giro.

Pablo moldea el vidrio, mientras que Ernestina y sus hijos pintan, decoran y empacan para la venta en las romerías.

Las esferas en este taller se pintan a mano. Este tono de rojo es el más tradicional

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